Los Hijos de la Chingada

viernes, 24 de julio de 2009

Imaginacion

Imaginen un punto en el horizonte. Imaginen como va agrandando su tamaño conforme se acercan a él, a cada paso, lentamente, cobra forma, su figura pasa de un completo estado ignominioso a una familiaridad que provoca y estimula a la hipófisis a liberar endorfinas, la sonrisa flagrante dispararía destellos fulminantes de un sentimiento que había nacido tiempo atrás y que se manifiesta en cada oportunidad permitida.

Imaginen ese punto. Esa figura que estando lejana no reconocerían pero la desean incipientes, que la tienen bien grabada e identificada con su vida propia, con su interpretación personal de felicidad, de alegría, incluso satisfacción. Imaginen que no tiene por qué estar fuera de su alcance y que sólo resta cuestionarse si se está o no dando los pasos correctos hacia ella o solo estamos dando vueltas a su alrededor, si vamos en sentido contrario, si nos movemos y ella permanece inmóvil o se mueve simultanea.

Cuando lleguen justo a este momento, justo al instante preciso de preguntarse si el rumbo es el correcto, justo allí será cuando deban dejar de imaginar y poner manos a la obra.

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