Los Hijos de la Chingada

martes, 1 de septiembre de 2009

Ensayo sobre un posible estallido social.

El estallido social: Acción lucrativa y dolorosa, necesaria incluso bajo circunstancias precisas, bajo estándares de hartazgo insostenibles, risibles, estúpidos.

Todos tenemos un dilema y un trauma que arrastrar, es naturaleza humana, es genética; algunos lo toleran (tolerar que no superar), otros lo ignoran (ignorar que no olvidar), otros se clavan y hasta se suicidan. Es un equivalente a la marca de la vacuna en el brazo, una cicatriz que no sabemos cuando se hizo o cómo, pero existe, a veces sin forma o sin posición exacta, pero allí está, se siente, se percibe... el dolor se impregna.

El aroma del silencio atrapa los sentidos y genera nostalgia o depresión: México, como también otros países (en una de esas el mundo entero) está deprimido. Y entiéndase depresión como el efecto catártico de impedir que la emoción llegue a la acción, que las sensaciones percibidas por el cerebro sean incapaces de reflejar nada en el individuo y éste a la vez genere indiferencia, antipatía, vale madrismo... Lo que vivimos hoy, en el día a día y minuto a minuto al cruzarnos con el que compra piratería o el que compra en el puesto donde venden robado o en el changarro de la esquina que sabemos vive en la informalidad o en el amigo conocido que parte a otro país a buscar oportunidades para sobrevivir o en fin, miles de etcéteras que generan eso, depresión, parálisis, miedo, llanto, frustración: infelicidad constante, en ocasiones eterna. Hay gente que nació, creció, murió y jamás conoció la felicidad, si acaso un chispazo, un salpicón de lo que era y la llegó a hacer sonreír en alguna ocasión.

El estallido social ¿remedio necesario, acción urgente o nueva trampa política para empantanar más nuestra sacudida autoestima? A veces uno desearía que los rumores tuvieran algo de verdad.

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