Los Hijos de la Chingada

viernes, 15 de mayo de 2009

Votar

Estamos ya en plena actividad política nacional, en pleno desarrollo de las campañas de convencimiento social para obtener el favor del voto. Vaya situación.

No es secreto que cada campaña electoral, nos cuesta millones y millones de pesos a los ciudadanos, financiar la fiestecita, darles a esos gañanes ese gusto es el costo de nuestra "labor democrática". Lo que termina por volverse dramático no es la campaña en sí, si todo lo que puede llegar a hacer alguien por obtener el voto, hay fugas de dinero sin control, los beneficios son siempre para los allegados y familiares, jamás para el pueblo. Incluso una vez electos, quienes reciben primero los mejores puestos, los beneficios directos y las despensas mejor surtidas son justo la familia, amigos, empleados... jamás a la gente que voto por ellos.

¡Y ahora el IFE que hasta quiere regular el internet! ¡OH MY GOD!

Hay un comercial donde aparece Héctor Suárez, el actor, y dice que su problema sigue siendo el mismo, la corrupción, la suciedad burocrática, y dice, "pobrecito de mi país"... Yo me pregunto, ¿cuántos compartimos el sentimiento? En estos días ha quedado al desnudo lo frágiles que somos, un sistema de salud podrido y trabajando de milagro, afortunadamente el virus resultó de mediana peligrosidad y baja mortandad, qué si no, hubiera sido mucho peor. Ahora, una guerra frontal con el narco que en realidad tiene más tintes de corruptelas que otra cosa; el escándalo de De la Madrid y Salinas de Gortari, terrible, tristísimo.

Las apariciones desafortunadas de López Obrador, los mensajes cruzados con Fidel Castro y el castigo de muchos países al cerrar sus vuelos y sus fronteras, la paradoja gringa en cuanto al manejo de la alarma sanitaria, la brutal diferencia de muertos en México contra los de otros países, la ignorancia en que está sumergido el pueblo y la clase política de miedo que tenemos, son sólo unos cuantos ingredientes de un cóctel que bien merecería ser parte de una cena en el quinto infierno.

Yo desde que cumplí 18 años he votado, en todas las elecciones, llegué a cruzar toda la ciudad sólo por cumplir con este deber democrático y para no afectar la vida civil de los que me rodean; nunca desconfié de las instituciones porque es de lo único que deberíamos poder asirnos, pero si nada de esto tiene eco, hoy me pregunto, ¿valdrá la pena continuar con el teatrito? Nos venden la idea del deber cívico, de que si no votas no te quejes, de que alces de la voz, ¿pero qué pasa cuando votas y después te quejas y alzas la voz y nada? No hay quién te escuche, las historias de horror cada vez son más y más espeluznantes, cada vez hay más cloacas abiertas, en fin, ¿hay esperanza en un sistema tan pero tan podrido que ni la médula se salva?

De algo si estoy seguro, este 5 de julio ya no voy a votar.

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