Los Hijos de la Chingada

miércoles, 27 de mayo de 2009

Los caraputos

Se pueden identificar fácilmente por su manera de mirar, de andar o incluso de pasar a tu lado. Se pueden encontrar en muchos sitios, a cada segundo, tal vez tu, si tu tu tu, seas uno de ellos: así es, hablo de los caraputos.

Los caraputos son aquellos que tienen en el rostro dibujado el sentido de la vida, aquellos que se dicen "centrados", que actúan bajo un hondo sentido de la moral y la rectitud, es decir, unos perfectos alienados que nunca fueron capaces de tener un criterio propio y han sucumbido ante el dominio de sus superiores, palabra nunca mejor empleada para describir a quienes jalan los hilos de estos pendejetes, los caraputos.

Deben tener mucho cuidado con ellos, porque el nivel de frustración que cargan es inmenso, en realidad todo lo que buscan es a quien fastidiarle la vida, con quién descargar esa amargura que los tiene atrapados y de la que lamentablemente nunca, nunca podrán escapar. La repetición es intencional: nunca podrán escapar.

Los caraputos existen en todos los niveles, nacen con facciones en el rostro bien definidas, es decir, desde que nacen ya vienen marcados, aunque algunos intenten escapar, lo cierto es que difícilmente lo logran... por ejemplo, uno de los más caraputos que conozco, pero que intentó escapar y casi lo logra pero aún le falta, es el chillyberto, y uno de los que logró escapar pero porque es bien cabrón, o sea, tiene todas las características pero gracias a su pundonor, a su persistencia, a su interminable lucha por ser mejor cada día lo ha logrado, de hecho creo que hasta le iban a hacer un monumento o algo así, pero de que es un güey bien cabrón y héroe de muchos, lo que sea de cada quién, es este amigo.

Pero no nos desviemos, otra característica de los caraputos es que tienen una forma de verte como que si estuvieran por encima de ti, ¿me entienden? hagan de cuenta que de verdad se creen bien cabrones pero son igual o peor que los pinches sabros de pendejos. Incluso tienen una facilidad para hacer cara de "fuchi" muy especial, son tan brutos que no pueden disimular. Muchos se hechan al mar de la política, o son hijos de papi, ya saben, de los que les han dado todo y por eso se creen que ya son cabrones, pero pues nel, son pendejos y las fortunas, grandes, pequeñas o medianas que lograron amasar los padres, estos caraputos las despilfarran pensando en que son creativos, listos y su palabra es la ley, pero lamentablemente, cuando la realidad voltea y los mira de frente, tienen que sucumbir. Ni pedo.

Traten de identificarlos, clasifiquen a los culeros estos y huyan de su compañía... aunque no está comprobado, ¿quién asegura que no es contagioso??? Y no sean ojetes también, saquenlos a balcón con la banda para que no salga perjudicada.

Etiquetas: , , ,

lunes, 23 de marzo de 2009

Al que por pinche sabrosito le dieron en su madre...

Como casi todos los días, íbamos en el carro de la empresa que nos lleva al metro. Ese día, a causa del tráfico tomamos otro camino, que pasa por aquellos lugares donde ni dios se mete porque capaz que sale sin huaraches y ultrajado.
El chiste es que pus nosotros íbamos en nuestro pedo, platicando de los aconteceres del día cuando de pronto, en un lugar donde nos tuvimos que detener, que se aparece nada más ni nada menos que ¡un sabrosito! en su máxima expresión:
Guey, acá de barrio, moreno, complexión media, pero lo cagado, iba echándole pleito a un guey más bien flaco que iba caminando como quien no quiere pedos, entonces, el sabro que se saca la playera y seguía insultando al flaco, y que cámara, que regresate hijo de tu puta madre y que pinche puto, que te voy a romper tu madre y guau guau... grrrr guau guau... y entonces...
El pinche flaco que se regresa, con algo en la mano (que al principio no distinguíamos) y ¡madres! que se le deja ir al sabro, que le da dos pinches cadenazos (efectivamente, era una cadena como de moto) en el cuerpo grasiento del sabro que lo doblaron de dolor, y ahí fue donde todo se fue a la chingada para él, el flaco, enrollándose la cadena en los nudillos le empezó a poner tal madriza que cuando al fin lo dejó tuvieron que ir a recogerlo con pala, jajajaja
El flaco retomó su camino, no sin voltear antes de dar vuelta en la esquina con una sonrisa que, imagino, no se le quitaría en un buen rato...
¿El sabrosito? cuando lo levantaron tenía más sangre que el perro aguayo en sus mejores peleas y de hecho lo tuvieron que cargar para sentarlo (aunque más bien lo aventaron de bulto en la banqueta).
Por supuesto yo, en el carro, cagándome de risa y bailando al estilo sabrosito (los brazos enfrente, con los codos pegados al torso, mientras se balancea de un lado a otro y se mueven las manos como en zig-zag, mientras se dice: A huevo, soy el sabrosito) contagiando a mis compañeros, demostrándoles lo que pasa cuando se hacen los pinches sabrositos...

Etiquetas: